De Melbourne a Copenhague: Koldo Aldai
La ventana está blanca, los leños aún no caldean la estancia y sin embargo el corazón se para de buena mañana agradecido, emocionado. Los ojos se pegan al cristal en el esfuerzo de abarcar e integrar dentro tanta y tan pura belleza. Hace sólo unas horas bajo nuestros pies desnudos crujían las innumerables y pequeñas conchas en las playas salvajes del "Great Ocean Park" de Australia. Un veloz avión nos ha traído hasta este blanco impoluto. El mismo agua tibia que mecía nuestros pies cansados, inunda ahora en forma de nieve nuestro paisaje.Allí y aquí maravilla inmensa, allí y aquí incontenida admiración por tanta belleza sacudiendo el alma, aquí y allí el mismo caminante enmudecido ya sobre la nieve del hayedo, ya sobre la arena de la playa virgen. En todas las latitudes del planeta la misma fascinación por el milagro de la creación. Sólo resta que levantemos a esta prodigiosa, sorprendente y sagrada creación la amenaza que le han impuesto nuestra ignorancia y egoísmo.
Este planeta mágico merece la pena, esta vida colmada de milagro merece el triunfo de esta gigantesca apuesta colectiva encarnada en la cumbre de Copenhague. Nos podemos unir por el mero gozo de sentirnos reencontrados con nuestras diferencias que se fecundan, gozo de sentir el latido del alma una, gozo de sentirnos hijos e hijas de un mismo Dios sin apellido, ni etiqueta. Nos podemos reunir por demanda de nuestras almas, nos podemos unir también por necesidad vital e impostergable.
Bajo el lema "Escuchándonos mutuamente y sanando la Tierra" en el inmenso y recientemente estrenado palacio de convenciones, hemos vivenciado algo del otro mundo y el otro cielo posibles, mundo justo, pacífico, fraterno…, cielo ancho, abierto, plural… Hemos deseado contribuir desde nuestra visión trascendente y esperanzada de la vida a la resolución de los grandes desafíos del mundo.
Hubiera sido preferible sentir ese llamado inexcusable de unidad antes de que nos llegara el agua al cuello, antes de haber cambiado con nuestra ceguera individualista el rumbo del clima, de haber subido artificialmente el mercurio del barómetro de la tierra. Estamos donde estamos, lo importante es reconocer los errores y afrontar a partir de ahora los grandes desafíos planetarios, el del cambio del clima el primero, conjunta, resuelta y solidariamente.
Que llegue el día en que abunden las cumbres del alma, en que nos reunamos sin ningún horizonte amenazado, por el mero placer de latir al unísono en un mismo espíritu, de respirar un mismo aire, de esbozar una misma oración de profundo agradecimiento. Ojalá más pronto que tarde la lección para siempre aprendida, ojalá se prodiguen los Melbournes y no haya nunca más necesidad de Copenhagues. Los mares por fin detenidos no amenazarán ya su sirena.

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